Hacia 1810, el territorio español se encontraba bajo la ocupación de las tropas de Napoleón y su monarca permanecía cautivo. Ante este vacío de poder, en Buenos Aires (cabecera del Virreinato del Río de la Plata) se generó un intenso debate sobre los pasos a seguir. Un sector de la élite local impulsó la realización de una asamblea extraordinaria, conocida como Cabildo Abierto, el 22 de mayo. El objetivo principal era desplazar al Virrey de su cargo, mientras el descontento popular crecía en las plazas, exigiendo una administración liderada por los hijos de la tierra.
El 24 de mayo, se formalizó el pedido para establecer una nueva autoridad; y el 25 de mayo, quedó oficialmente integrada la primera Junta de Gobierno. Este hito histórico marcó el punto de partida hacia la autonomía definitiva, sentando las bases de lo que hoy conocemos como la República Argentina.

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Cada 18 de mayo celebramos uno de nuestros símbolos patrios más queridos. Con sus colores nos identifica como argentinos y nos une en la memoria de nuestra historia. Llevar la escarapela en el pecho es un gesto sencillo, pero lleno de significado: es recordar a quienes lucharon por nuestra independencia y renovar el compromiso de construir un país con respeto, solidaridad y esperanza. Un pequeño símbolo, con mucho sentimiento.
Se conmemora el día del Himno Nacional Argentino, sancionado como tal por la Asamblea General del 11 de mayo de 1813 y compuesto por Vicente López y Planes, y Blas Parera, que nos identifica como pueblo y nación en el concierto de las naciones del mundo.
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Este día es memoria del Genocidio Armenio iniciado el 24 de abril de 1915 por el Imperio Otomano. Esta jornada, establecida por la Ley 26.199, busca promover la reflexión sobre los derechos humanos, la diversidad y la convivencia, rechazando actos de discriminación y violencia.
Esta fecha invita a la sociedad a reflexionar sobre la importancia del respeto entre naciones y evitar la impunidad.
A 44 años de la Guerra por las islas Malvinas, recordamos y rendimos homenaje a todas las personas que participaron de este conflicto bélico.
Unos 650 argentinos fallecieron durante la guerra dando su vida por la Patria.
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El 24 de marzo es una jornada que nos convoca a recordar uno de los períodos más oscuros y dolorosos de nuestra historia reciente: la última dictadura cívico-militar que se instauró en Argentina en 1976. Las Fuerzas Armadas dieron un golpe de Estado y derrocaron al gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón. Se inició así un régimen autoritario que se autodenominó “Proceso de Reorganización Nacional” y que gobernó el país hasta el 10 de diciembre de 1983.
Durante esos años, se suspendieron las garantías constitucionales, se disolvió el Congreso Nacional, se prohibieron los partidos políticos y los sindicatos, se censuró la prensa y la cultura, y se implementó un plan sistemático de terrorismo de Estado. Esto significó la persecución, el secuestro, la tortura y la desaparición forzada de miles de personas (obreros, estudiantes, profesionales, artistas, militantes políticos y sociales), así como el robo de bebés nacidos en cautiverio, a quienes se les suprimió su identidad.
La consigna “Nunca Más”, surgida con el retorno de la democracia y el informe de la CONADEP, se convirtió en un emblema de la sociedad argentina para repudiar estos crímenes y exigir Memoria por la Verdad y la Justicia.
Reflexionar sobre lo sucedido representa un desafío enorme pero ineludible. Implica una gran responsabilidad y un compromiso ético con la construcción de una ciudadanía crítica, democrática y respetuosa de los derechos humanos.
Nuestra bandera nacional argentina fue creada por el General Manuel Belgrano el 27 de febrero de 1812 en Rosario, a orillas del río Paraná, para diferenciar a las tropas revolucionarias de las realistas durante la guerra de independencia. Confeccionada con los colores celeste y blanco de la escarapela, fue izada por primera vez ante las baterías Libertad e Independencia.
Aunque no hay certeza absoluta, se cree que consistía en dos franjas horizontales, una blanca y otra celeste.
Su confección es atribuida a María Catalina Echevarría en Rosario. Fue ratificada por el Congreso de Tucumán el 20 de julio de 1816 y el Sol de Mayo se incorporó en 1818.
La bandera representa la unidad y la lucha por la libertad, consolidándose como símbolo nacional tras su arriesgada presentación por parte de Belgrano.
